-¿ Y para qué es que sirve el CODIA?- se preguntaba mi esposa mientras escuchaba la entrevista que ofrecía el presidente de la delegación provincial de Monseñor Nouel, el ingeniero Jesús Vargas, en el programa La Mañana Latina que conducen los amigos Félix Guerra e Israel Veloz.
En el papel el CODIA es una institución muy importante: la ley 6160 y su modificación en la ley 62-01 establecen el rol del CODIA como “guardián del interés público y asesor del estado en temas de su competencia; así como vigilar el ejercicio profesional y velar por los intereses de los colegiados.
Adicionalmente la ley establece como responsabilidad del CODIA, propugnar por el establecimiento de normas técnicas legales, especificaciones y leyes que deberán regir cualquiera de las fases de la elaboración de proyectos y ejecución de obras, así como su contratación.
En la práctica, lo cierto es que en los últimos años el CODIA ha estado cometiendo dos errores operativos que han erosionado su imagen ante la opinión pública, al menos en lo que se refiere a las construcciones de edificaciones en todo el territorio nacional.
El primer error ha sido asumir un rol de fiscalizador de obras para fines principalmente recaudatorios.
Un ejemplo: unos días después de la entrevista citada al principio de este texto, me tocó asistir a un acto de entrega de un aporte por parte del presidente nacional del CODIA, el ingeniero Carlos Eligio Mendoza, para la construcción de las oficinas de la delegación provincial de Monseñor Nouel. Luego de entregado el cheque, el Ingeniero Mendoza informó que Santo Domingo está gestionando una camioneta para Bonao que servirá para "aumentar los niveles fiscalización y lo niveles de recaudaciones".
La sociedad no entiende porqué, ni para qué el CODIA cobra "impuestos" que son las tasas que establece la ley.
El segundo error ha sido considerar solo como obras ilegales aquellas realizadas por personas que de acuerdo al artículo 20 de la ley 62-00, sobre el ejercicio de la ingeniería, la arquitectura, agrimensura y profesiones afines, ejercen ilegalmente.
Lo que el CODIA no ha entendido.
Desde la promulgación de la ley 687-82, unos veinte años después de nacer el CODIA, que crea un sistema de elaboración de reglamentos técnicos para preparación y ejecución relativos a la ingeniería, la arquitectura y ramas afines; el CODIA no ha entendido que con esta ley le pusieron en las manos la herramienta más poderosa para hacer cumplir su rol conforme a las leyes 6160, 6201 y la 62-00.
Ley No. 160-21 que crea el Ministerio de la Vivienda, Hábitat y Edificaciones (MIVED), modifica la 687-82 en lo que se refiere a las edificaciones. Creando entre otros el Viceministerio de Construcción que tiene a su cargo todo lo relativo a la construcción de edificaciones públicas, viviendas y asentamientos humanos dignos, incluyendo su planificación, licitación y supervisión, así como la reglamentación, tramitación de permisos e inspección de las edificaciones privadas, vinculadas al campo de aplicación de esta ley.
Pero hay un problema: los colegiados no quieren ser fiscalizados, ni siquiera por el mismo CODIA, muchos tienen la ilusión de que por el hecho de tener un execuátur y un número de colegiatura cualquier cosa que construyan está legal sin importar que no hayan agotado los procedimientos y no se hayan acogido al rigor de las normas y códigos correspondientes para el diseño y construcción de edificaciones.
Si los colegiados y las autoridades del CODIA se muestran apáticos a someterse al rigor del MIVED en el proceso de tramitación de proyectos para conseguir las licencias de construcción, qué podemos esperar del ciudadano común. Principalmente aquel que construyó su casa, en el barrio, con el sudor de su frente y fruto de años de trabajo ahora tiene la oportunidad de subirle una segunda con la confianza de que el maestro le dijo que "eso aguanta cuatro pisos sin problemas" porque le puso columnas. Desde que le entre otra "brisita" le sube la tercera. Y si es que el CODIA llega a pasar, probablemente le pedirá unos planos firmados por colegiados y le cobrará "La tasa que establece la ley".
Y ahí se queda el ciudadano tranquilo porque salió del CODIA y un ingeniero le firmó, aunque probablemente sea un arquitecto... da lo mismo!
¿Después del Jet Set qué?
Lo que parecía que nunca sucedería en este país al final ocurrió. De una manera tan violenta y desgarradora que en cuestión de segundos la alegría de una noche de fiesta se convirtió en uno de los episodios más tristes de toda nuestra historia.
En cada escombro retirado de la zona cero, la carga de haber construido este país sobre la informalidad y la ilegalidad con la etiqueta del "dale que eso aguanta" y la mirada indiferente de las autoridades.
Ahora que el país está sensible y la gente quiere explicaciones, es un buen momento para que el CODIA replantee su encomienda y asuma su rol de una manera más responsable de lo que lo ha hecho hasta el momento.
Velando porque se cumpla la ley 160-21 en todos los proyectos, se asegura la calidad de las obras así como responsabilidad del estado en dicha calidad. Una manera fácil de convertirse en guardián del interés público.
Si cada obra se legaliza, se garantiza ipso facto, la integración de todos los colegiados que deben participar en la elaboración de los proyectos. Una manera sencilla de vigilar el ejercicio profesional y velar por los intereses de los colegiados. Haciendo cumplir la ley 62-00 sobre el ejercicio de la ingeniería, la arquitectura, agrimensura y profesiones afines.
Si cada obra fuera al MIVED, el CODIA no debería preocuparse por las recaudaciones, ni los ciudadanos las cuestionaran porque sería el Ministerio de la Vivienda Habitad y Edificaciones quien emitiría las tasaciones a pagar tanto al CODIA como a los ayuntamientos por derechos a construcción.
En su rol de asesor del estado nuestro colegio debe involucrarse en la búsqueda de las oportunidades de mejoras que ayuden a hacer más simple y menos burocrática la gestión de las licencias de construcción para incentivar su proliferación.
Que se convierta en defensa de los colegiados la intervención del CODIA cuando algún revisor del MIVED de manera caprichosa complique y retrase el proceso de revisión del área de su competencia.
Que este punto de inflexión generado por la tragedia, nos lleve a todos a ser más responsables en los procesos de diseños y construcción de los proyectos, para que, evitar otras tragedias sea la manera de honrar la memoria de los que perecieron mientras bailaban junto a La Voz Más Alta del Merengue.
Antonio Abreu Rodríguez
Ing. Civil, MBA
